Mejor legalizar la marihuana
LA PARADOJA DE LA INEFICIENCIA
En casi todos los países del mundo, las políticas públicas anti marihuana se basan en tres líneas: prohibir el consumo de la marihuana, penalizar su consumo o distribución (o ambos) y crear frondosos y caros aparatos burocráticos. Aparatos encargados de investigar sobre el tema; tribunales y cuerpos policiales para reprimir el consumo y la distribución del producto; y, como paradoja de la ineficiencia y la ineficacia de toda esta política, instituciones de apoyo a los drogadictos, hospitales, clínicas psiquiátricas y sicológicas y finalmente tribunales y cárceles para los infractores. Así, en Estados Unidos los sistemas carcelarios están rebalsados: uno de cada cinco presos purga condenas por consumo de drogas y este país tiene el récord mundial de convictos: 42 por cada 10.000 personas.
EL ESTADO NO PUEDE VIOLENTAR LA LIBERTAD INDIVIDUAL. El ser humano debe gozar de libertad y puede decidir por sí mismo. Es el libre albedrío del cual estamos dotados, según el cristianismo; desde un punto de vista más universal, según la Declaración de Derechos Humanos estamos dotados de "razón y conciencia". Por supuesto que las decisiones que se adopten ejerciendo la condición humana de la libertad exigen responsabilidad y "un comportamiento fraternal los unos con los otros". Es decir, en relación a los demás debe prevalecer la fraternidad, lo que exige respetar a los otros y no causarles daños. Este es el límite a la libertad. Por supuesto que estos derechos están restringidos en el caso de ciertas personas, como los niños y quienes padecen limitaciones mentales.
La mencionada Declaración Universal agrega: "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada". Es decir hay un ámbito en el cual la persona debe decidir por sí misma, sin injerencias de otros poderes, sino la propia conciencia. Por supuesto que puede haber injerencias legítimas en la vida privada, por ejemplo en la vida familiar cuando hay violencia; pero en este caso, si bien se trata de la vida íntima, ya se está en el ámbito de la relación con otras personas, con todas las cuales hay que comportarse fraternalmente.
Conforme a tales principios, el Estado no puede invadir la intimidad de la persona y lo que la persona decide consumir se ubica en el ámbito de la privacidad. Puede haber factores económicos o de otro tipo que limiten ciertos consumos, pero lo que es inaceptable es que se establezca por imposición estatal qué es lo que se puede consumir y qué es lo que no se puede consumir, según principios ideológicos.
El Estado y cualquiera asociación civil tiene derecho a recomendar determinados consumos o recomendar no consumir otros. Mientras mejores razones se tengan, probablemente podrán convencer a más personas. Pero el Estado no tiene derecho a imponer determinados consumos, pues su función esencial consiste en garantizar y proteger los derechos de las personas.
Hay religiones que imponen determinados consumos y prohíben otros, pero ello sólo se lo pueden exigir a quienes voluntariamente han adherido al respectivo credo. Así, los musulmanes prohíben el consumo del alcohol y de la carne de cerdo; los judíos exigen una preparación especial de los sacrificios de reses para poder consumirlas. También hay prohibiciones de consumo durante ciertas horas o períodos o prohibiciones parciales como en el ramadán musulmán, celebraciones religiosas judías o la semana santa cristiana.
En casi todos los países del mundo, las políticas públicas anti marihuana se basan en tres líneas: prohibir el consumo de la marihuana, penalizar su consumo o distribución (o ambos) y crear frondosos y caros aparatos burocráticos. Aparatos encargados de investigar sobre el tema; tribunales y cuerpos policiales para reprimir el consumo y la distribución del producto; y, como paradoja de la ineficiencia y la ineficacia de toda esta política, instituciones de apoyo a los drogadictos, hospitales, clínicas psiquiátricas y sicológicas y finalmente tribunales y cárceles para los infractores. Así, en Estados Unidos los sistemas carcelarios están rebalsados: uno de cada cinco presos purga condenas por consumo de drogas y este país tiene el récord mundial de convictos: 42 por cada 10.000 personas.
EL ESTADO NO PUEDE VIOLENTAR LA LIBERTAD INDIVIDUAL. El ser humano debe gozar de libertad y puede decidir por sí mismo. Es el libre albedrío del cual estamos dotados, según el cristianismo; desde un punto de vista más universal, según la Declaración de Derechos Humanos estamos dotados de "razón y conciencia". Por supuesto que las decisiones que se adopten ejerciendo la condición humana de la libertad exigen responsabilidad y "un comportamiento fraternal los unos con los otros". Es decir, en relación a los demás debe prevalecer la fraternidad, lo que exige respetar a los otros y no causarles daños. Este es el límite a la libertad. Por supuesto que estos derechos están restringidos en el caso de ciertas personas, como los niños y quienes padecen limitaciones mentales.
La mencionada Declaración Universal agrega: "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada". Es decir hay un ámbito en el cual la persona debe decidir por sí misma, sin injerencias de otros poderes, sino la propia conciencia. Por supuesto que puede haber injerencias legítimas en la vida privada, por ejemplo en la vida familiar cuando hay violencia; pero en este caso, si bien se trata de la vida íntima, ya se está en el ámbito de la relación con otras personas, con todas las cuales hay que comportarse fraternalmente.
Conforme a tales principios, el Estado no puede invadir la intimidad de la persona y lo que la persona decide consumir se ubica en el ámbito de la privacidad. Puede haber factores económicos o de otro tipo que limiten ciertos consumos, pero lo que es inaceptable es que se establezca por imposición estatal qué es lo que se puede consumir y qué es lo que no se puede consumir, según principios ideológicos.
El Estado y cualquiera asociación civil tiene derecho a recomendar determinados consumos o recomendar no consumir otros. Mientras mejores razones se tengan, probablemente podrán convencer a más personas. Pero el Estado no tiene derecho a imponer determinados consumos, pues su función esencial consiste en garantizar y proteger los derechos de las personas.
Hay religiones que imponen determinados consumos y prohíben otros, pero ello sólo se lo pueden exigir a quienes voluntariamente han adherido al respectivo credo. Así, los musulmanes prohíben el consumo del alcohol y de la carne de cerdo; los judíos exigen una preparación especial de los sacrificios de reses para poder consumirlas. También hay prohibiciones de consumo durante ciertas horas o períodos o prohibiciones parciales como en el ramadán musulmán, celebraciones religiosas judías o la semana santa cristiana.

1 Comments:
bno kabros aka ta el blog ke hicimos, de nuestro grupo, leanlo, va ser interesante, el ke kiere acepta nuestras opiniones el ke nop, ke se balla a la MIERDA!!.
bno es wea de kada uno de ustedes,.
(((poLLOX)))....
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